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FENOMENOS
A ESCALA SUBSINOPTICA.
Al tratar de los fenómenos subsinópticos comenzaremos
por los mesoscálicos, o sea aquellos cuya elongación es
a lo sumo de unos pocos centenares de kilómetros.
Citaremos los siguientes:
Sistemas convectivos y complejos convectivos.
Entre los fenómenos mas importantes, sobre todo en el
área mediterránea, hay que citar en primer lugar los
Sistemas Convectivos, que comúnmente son confundidos con
las gotas frías; éstas son sin embargo, fenómenos de
escala sinóptica.
Un sistema convectivo es una perturbación mesoscálica
formada principalmente por una gran masa de cumulonimbos,
los cuales en algún momento de su vida coexisten con una
gran masa nubosa estratificada. Lo característico es la
enorme intensidad de las precipitaciones que originan. La
duración raramente alcanza las 24 horas, en las cuales
puede o suele permanecer casi estacionario o con muy
lenta traslación. Son característicos los sistemas
convectivos de finales del verano o de los comienzos del
otoño, principalmente en el área mediterránea, aunque
no exclusivamente en esta , ya que también se han
presentado y muy intensos en el Cantábrico y en el área
pirenaica.
Las mayores cantidades de precipitación en 24 y en 6
horas se han presentado al menos en los últimos diez
años asociadas a los sistemas convectivos.
No existen todavía unas especificaciones concretas y
unívocas para los sistemas convectivos ni para su
denominación. Así , Madox (3) estudia y define los que
denomina complejos convectivos mesoscálicos (MCC) como
aquellos fenómenos que reúnen determinados requisitos
basados en las imágenes por satelice en IR, y entre
ellos, podemos señalar como los mas significativos:
a) el área nubosa debe incluir al menos 100.000 km
cuadrados con la temperatura en el tope de las nubes de
-32ºC o inferior,
b) El interior de la masa debe incluir al menos 50.000 km
cuadrados con temperatura en el tope de -52ºC o inferior
c) La duración del fenómeno debe ser al menos de seis
horas
Las estadísticas que viene realizando el INM sobre los
fenómenos mesoscálicos de esta naturaleza, ofrecen unas
dimensiones algo menores y también por lo regular una
duración por término medio ligeramente menor. Dado que
el número de casos considerados no es todavía muy
grande, no se podría aún dar unas especificaciones
concretas para los sistemas convectivos y
provisionalmente podríamos definir los complejos
convectivos mesoscálicos los que están acordes con las
especificaciones de Madox, y los sistemas convectivos
también a mesoscala, a aquellos de la misma naturaleza y
de algo menores dimensiones y de duración de al menos
tres horas.
Un sistema o un complejo convectivo es sin duda el
fenómeno mas peligroso con que pueda enfrentarse en
nuestras latitudes la pequeña aviación, los
planeadores, globos u otros ingenios voladores ligeros.
Sin embargo, en la gran peligrosidad y violencia radica
la posibilidad de evitarlos ya que la información acerca
de estos tipos de riesgos es difundida por muchos cauces,
entre ellos Protección Civil. Un deportista que se vea
envuelto en esta clase de fenómenos demostraría gran
negligencia en cuanto a la obtención de la información
previa al vuelo. Es por tanto de todo punto necesario,
estar atentos a toda clase de avisos y en su caso,
suspender toda actividad deportiva o de la aviación
general.
Líneas de inestabilidad.
No es rara la formación de líneas líneas tormentosas,
unas veces desplazándose y en otras, casi estacionarias.
Las primeras con facilidad pueden alcanzar escala
sinóptica y algunas veces pueden estar asociadas a
frentes fríos, de modo que avanzan paralelas y delante
de los frentes. En todo caso son fenómenos convectivos
caracterizados por su estructura lineal. En los trópicos
suelen denominarse turbonadas tropicales y en las zonas
templadas, simplemente líneas de turbonada. En las
imágenes de satélite pueden aparecer enmascaradas y en
forma redondeada debido a la gran masa de nubes
estratificadas que las envuelven; puede ser útil
contrastar la imagen en espectro visible con la
infrarroja.
Otro tipo de fenómeno mesoscálico lo constituyen las
líneas tormentosas casi estacionarias. Se pueden
originar en condiciones de estratificación inestable;
entre dos células tormentosas muy activas y con
separación adecuada, se crean en el suelo areas de
convergencia, creadas por las descendencias en las base y
en el entorno exterior de las tormentas. Cuando declina
la vida de las primitivas células, se desarrollan las
nuevas que aparecen en las zonas intermedias. El aspecto
lineal al pasar las horas tiende a desfigurarse. A veces
no resulta sencillo el diferenciar una línea de
inestabilidad casi estacionaria con un sistema
convectivo.
Otros
fenómenos mesoscálicos.
El viento al soplar sobre largas alineaciones montañosas
crea fenómenos mesoscálicos de diferente naturaleza;
puede ser el caso de ondas estacionarias del tipo de las
llamadas onda de montaña, la cual como es sabido puede
suponer un riesgo a veces extremo para la pequeña
aviación, sobre todo cuando se vuela con viento en cara
y a sotavento, y muy especialmente cuando se forma la
llamada nube rotor, y el avión se ve envuelto en la
misma. Aunque el fenómeno global es de naturaleza
mesoscálica, la nube rotor es fenómeno a microescala.
Un fenómeno complejo , que ha estudiado A. Jansá (4) es
la llamada vaguada mediterránea. Viene a consistir en lo
siguiente: cuando hay un flujo muy marcado de W o bien
del NW, se produce un marcado efecto Föehn originado por
la Cordillera Ibérica, y al haber componente Norte,
también por el Sistema Pirenaico. A lo largo de la costa
del Mediterráneo aparece una anomalía positiva de
temperatura y a la vez, negativa de la presión. El
resultado es una vaguada casi estacionaria, que de
persistir puede evolucionar hacia una pequeña depresión
centrada cerca y al Norte de las Baleares. Este fenómeno
queda pues originado por la interacción de un flujo a
escala sinóptica y factores geográficos locales.
FENOMENOS
MICROESCALARES.
Hay una gran variedad de fenómenos a pequeña escala ,
es decir a una dimensión comprendida entre unos pocos
kilómetros y decenas de metros.
Tormentas.
Por su especial relevancia es preciso referirnos en
primer lugar a las tormentas. Suelen éstas clasificarse
entre frontales y de masa. Dado que las primeras
deberían estudiarse a escala sinóptica, vamos a
centrarnos en las segundas. Hay otros autores como Uman
(5) que prefieren distinguir entre tormentas locales o
convectivas o en formaciones móviles.
Como es de sobra conocido, para la formación de una
tormenta se requiere un adecuado contenido de humedad,
estratificación inestable y un factor desencadenante ,
como puede ser la convección por calor o la ascendencia
forzada.
Cuando el contenido de humedad no es alto y muy
considerable la convección, caso muy frecuente en
nuestro verano en las tierras del interior, pueden
originarse tormentas secas, sin precipitación que
alcance al suelo, pero con importante aparato eléctrico
e intensas microrráfagas, a las que mas adelante nos
referiremos, así como intensa turbulencia. En principio,
para la pequeña aviación podemos calificar a las
tormentas secas como por lo menos tan peligrosas como las
tormentas con precipitación.
Es clásica la distinción de tres estados en la
formación de una tormenta: estado de cúmulo, de madurez
y de disipación. En la primera fase, no han
precipitación y predominan dentro de la nube las
ascendencias . En la segunda, coexisten ascendencias y
descendencias, hay precipitación, rayos y fuerte
turbulencia. En la última fase, prevalecen las
descendencias, los cumulonimbus se fragmentan y quedan
fuertemente cargados de electricidad , en general
positiva.
A nuestro juicio, las condiciones potencialmente quizá
de mayor riesgo para el vuelo, o al menos una de las mas
peligrosas, agravado por la circunstancia de tratarse de
fenómenos bastante comunes, se presentan justo al
comenzar el estado de madurez de las tormentas, que se
inicia al alcanzar el suelo la primera gran descendencia
y también las primeras gotas de precipitación. Esto es
particularmente peligroso para los aviones y no solo los
ligeros, que se encuentren cerca del suelo, bien sea en
la aproximación final, o en el despegue o ascenso
inicial. También lo es para la pequeña aviación
volando cerca del suelo. Repetimos es un riesgo que
afecta a todos los aviones aún los mas pesados y mejor
equipados, aunque estos van dotados de sensores que
detectan y alertan tempranamente de fenómenos de
alteraciones bruscas del viento.
El riesgo es todavía mayor cuando dicha ráfaga
descendente tiene lugar en el entorno del aeródromo. En
el caso de aeródromos no dotados para aproximaciones de
precisión, puede haber asimismo riesgos adicionales. En
efecto, en tales aeródromos, la senda de planeo en la
aproximación final suele ser rectilínea y con una
pendiente en torno a los tres grados. En cambio, en las
aproximaciones de no precisión, suele haber en la
aproximación un tramo de vuelo horizontal hasta cerca
del umbral de pista, lo que supone mas tiempo cerca del
suelo y riesgo adicional. Lo mismo podríamos decir
cuando, pese a haber ayudas de precisión, la
aproximación ha de hacerse en circuito.
De los fenómenos inherentes a la tormenta nos
referiremos a dos : microrráfagas y rayos.
Microrráfagas.
Suele entenderse por microrráfaga una intensa y breve
ráfaga de algunos centenares de metros de anchura y que
tiene lugar cerca del suelo. Las mas importantes para
nuestro propósito, son las descendentes, las llamadas en
inglés "downburst". Estas ráfagas, al llegar
al suelo se extienden con violencia y a veces por un
efecto como de rebote crean un torbellino de eje
horizontal y curvilíneo. Hay evidencia de que a veces
ese torbellino , de forma toroidal , es tan intenso, que
las ascendencias creadas en la parte exterior han dado
lugar a condensación, y han formado una curiosa nube de
forma casi anular, en un plano paralelo al suelo.
No solo se forman los temidos "downburst" en
las fases de comienzo del estado de madurez de un proceso
tormentoso, es decir, en el llamado "reventón"
en muchos países de habla hispana. También se pueden se
puede presentar en tormentas secas y alguna otra
situación o condiciones atmosféricas, aunque ello es
menos frecuente.
No debe confundirse el "downburst" con el
tornado; son fenómenos de extensión parecida y a veces
efectos similares, pero hay una diferencia esencial: en
el "downburst" las corrientes son descendentes,
mientras que en el tornado se combinan ascendentes y en
espiral.
Los "downburst" , en las figuras adjuntas se
representan esquemáticamente según los tipos mas
comunes. Acaso para la pequeña aviación revistan
especial peligrosidad los procedentes de las tormentas
secas por ser mas difíciles de localizar y en buena
parte de los casos casi imposible identificar
visualmente.
Un avión en la aproximación final puede encontrar una
fuerte ascendencia debida a la parte exterior del
torbellino horizontal creado por rebote del
"downburst". Quizá la reacción del piloto sea
la de bajar el morro del avión, lo cual no puede ser mas
desaconsejable, ya que inmediatamente se encontrará la
intensa corriente descendente y con tal presentación del
avión, las consecuencias pueden ser fatales.
La duración del proceso de una intensa
"downburst" puede ser de hasta 15 minutos.
Fugita (6) señala como de unos cinco minutos desde que
se inicia hasta que se alcanza el suelo y la máxima
intensidad puede ocurrir en los cinco minutos siguientes
y a los 15 puede estar ya en fase de disipación.
Fenómenos eléctricos: el rayo.
En los comienzos de la aviación, fue quizá el rayo uno
de los riesgos mas temidos. Parece sin embargo que, al
fabricarse sobre todo grandes aviones con casco
metálico, y sobre todo, con mejor equipamiento, parece
como si se hubiera minusvalorado el efecto de las
descargas eléctricas. Tal vez suceda lo mismo que con el
riesgo de fulminación de personas; al hacerle la
población mas urbana el número de víctimas ha
decrecido, pero el fenómeno es el mismo.
Carga eléctrica en la nube.
En el interior de una nube tormentosa la distribución de
las cargas eléctricas no es uniforme. Por lo regular, en
la parte interior predominan las cargas negativas,
mientras que en la parte superior o tope, donde suele
haber gran cantidad de cristales de hielo, prevalece la
carga positiva. Hay también en la base de la nube cargas
positivas, aunque en la vida de la nube la carga de la
base experimenta variaciones.
Las nubes con mayor carga eléctrica suelen ser las
convectivas muy desarrrolladas, es decir, los
cumulonímbus; son las propias de las tormentas. Por esta
razón, en las nubes de poco espesor rarísimamente se
presentan episodios tormentosos, que son por tanto
característicos de las nubes muy desarrolladas por
procesos convectivos o de carácter frontal.
En un episodio tormentoso, puede haber descargas de la
nube a tierra o de la tierra hasta alcanzar la nube.
También pueden presentarse descargas de nube a nube;
estas son menos corrientes que las anteriores. A veces el
mecanismo de descarga es muy complejo debido a la
presencia de factores no naturales; es el caso, por
ejemplo, del paso de un avión por la base de una nube
tormentosa, que puede hacer de puente e inducir la
descarga de nube a tierra. La naturaleza del terreno, el
relieve, los grandes edificios, el arbolado y otras
irregularidades del suelo, inciden en forma muy acusada
en la génesis y en el tipo de descargas eléctricas
atmosféricas.
Las hipótesis para explicar la génesis del rayo y a la
vez, la protección contra el mismo, datan de mediados
del siglo XVIII. En fechas relativamente recientes se han
desarrollado teorías bastante satisfactorias sobre el
mecanismo de los rayos, si bien, conviene aclarar que
todavía existen aspectos que no están suficientemente
aclarados. Cada rayo, cada descarga eléctrica es
diferente y la imagen de cada rayo es distinta de las
demás, por lo que la casuistica de estos fenómenos
podemos decir que es inagotable.
Ya en los años cuarenta, algunos experimentos con
cámaras fotográficas móviles probaban que el rayo no
es una descarga simple, sino que va precedida, por
ejemplo en el caso de la nube a tierra, de otras varias,
de modo que cada una sigue y viene a profundizar en el
camino seguido por las anteriores hasta que finalmente,
la descarga llega a tierra (Schonland y otros). Todo ello
sucede con gran velocidad, de modo que cada camino
elemental se recorre en un plazo de tiempo que viene a
durar entre diezmilésimas y cienmilésimas de segundo.
En cualquier caso la trayectoria del rayo o descarga se
adapta a la trayectoria donde el aire o el medio que
atraviesa dicho rayo es el que ofrece mejor conductividad
eléctrica. En el caso del aire, la conductividad viene
poderosamente influida por la ionización, la cual queda
profundamente afectada por los procesos físicos y
químicos que tienen lugar en el aire, debidos a causas
naturales tales como las propias tormentas, volcanes y
radiactividad natural, o bien debidas a causas
antrópicas : actividad de tipo industrial, transportes,
chimeneas etc.
El propio rayo es una poderosa fuente de ionización del
aire y por ello, las descargas eléctricas raramente
aparecen solas y lo normal es que en los episodios
tormentosos tales descargas aparezcan en forma múltiple.
La teoría anterior ha sido perfeccionada en los últimos
años si bien se mantiene la hipótesis de que las
descargas no son simples sino complejas. La iniciación y
propagación de una descarga se hace por un proceso que
llamaríamos escalonado, lo que se denomina "stepped
leader", que viene a ser la forma en que se abre
paso la carga eléctrica en su marcha de la nube a tierra
o viceversa. Exactamente no se conoce del todo el proceso
de trabajo del "stepped leader". Entre paso y
paso transcurre un tiempo de cienmilésimas de segundo.
Las descargas suelen iniciarse dentro de la nube, en el
sector "N", es decir, en el seno de la parte
cargada negativamente, y en la zona en que reina una
temperatura en torno a los cero grados. La carga
eléctrica negativa se encamina, por pasos discontinuos
como va dicho, hacia el suelo, y cuando se encuentra a
una distancia como de unos 50 metros, parte del suelo una
carga positiva y sale al encuentro de la negativa
descendente. La carga que parte del suelo normalmente es
compleja y puede proceder de varios puntos del suelo a la
vez.
Esta descarga desde el terreno no se produciría a menos
que la carga eléctrica positiva, procedentes de dicho
terreno, no fuera atraída por la carga eléctrica
negativa que desciende procedente de la nube. A veces la
descarga desde la tierra es seguida por otras varias.
Daños en aviones.
En aviones de casco metálico los daños mas corrientes
suelen ser: perforaciones, rotura de la cúpula de radar,
que lógicamente no es metálica, desperfectos en los
equipos de comunicaciones, efecto de deslumbramiento e
incluso en casas raros, incendio del combustible. En
aviones muy ligeros de superficies enteladas y sobre todo
en ultraligeros hay además el riesgo de fulminación de
los tripulantes o incendio del aparato.
Hay ejemplos probados, cierto que pocos, de aviones de
casco metálico incendiados en vuelo por rayo: un
Superconstellation en Milán, en 1959 y un Boeing 707 en
Mariland, USA, en 1963. No hay estadísticas disponibles
de daños en aviones militares, pero parece que los
siniestros por esta causa no han sido demasiado raros.
La electricidad estática es eliminada en forma bastante
eficaz mediante diferentes dispositivos. Es conveniente
tomar precauciones al aproximar cisternas de combustible
a aviones que acaban de aterrizar. En todo caso, debe
evitarse el repostado cuando hay alguna tormenta en las
inmediaciones del aeródromo.
Las tormentas secas por su mas difícil identificación
con relación a las que se acompañan de precipitación,
pueden suponer un riesgo muy serio, también en el
aspecto eléctrico, para la pequeña aviación.
Turbulencia y cizalladura de viento.
Estos fenómenos son ordinariamente de escala
subsinóptica, excepto la turbulencia en aire claro (CAT)
que se presenta en altitudes elevadas y es de naturaleza
sinóptica ; es de relativo interés para la pequeña
aviación.
La turbulencia térmica o mecánica, sobre todo la
segunda, queda muy influida por los factores locales y
entran de lleno ambas en la meteorología subsinóptica.
No vamos a añadir a lo mucho y en general bueno que
sobre estos tipos de turbulencia aparece en cualquier
tratado de meteorología aeronáutica.
Otro tanto podríamos decir de la cizalladura del viento,
o gradiente de viento , que afecta sobre todo a las
actuaciones del avión cerca del suelo. A escala
subsinóptica estos fenómenos se presentan en
condiciones de vientos fuertes, por efecto de la brisa,
en las inversiones cercanas al suelo y en días calurosos
al iniciarse el enfriamiento nocturno.
Los fenómenos de cizalladura de viento son bastante
comunes y han sido causa de varios accidentes. La
detección precoz del fenómeno es algo esencial para
evitar riesgos mayores. En nuestro país en que tantos
aeródromos hay en la costa, debe tenerse muy en cuenta
el efecto de la brisa sobre todo en las horas de mayor
intensidad. En Canarias hay un fenómeno de mutua
interacción de la brisa con el monzón, que sopla en
general del Noreste; la brisa es mas o menos
perpendicular a la playa; en Tenerife Sur no son nada
excepcional se registren fenómenos de cizalladura. No es
el único aeropuerto donde tal cosa suceda.
Es preciso referirse a lo que hemos denominado
cizalladura inducida, que es la creada por el propio
avión en sus maniobras. Así, cuando el viento es fuerte
y laminar, y si tras el despegue ha de realizarse un
ceñido viraje, el avión experimenta efectos de
cizalladura sin haber gradiente de viento. Lo mismos
sucede en aproximaciones de circuito, cuando el avión
desde la ayuda principal recorre un tramo con viento en
cola para virar al otro extremo y aterrizar viento en
cara. Este tipo de cizalladura inducida ofrece menos
riesgo que el anterior, pues al ir progresivamente el
avión teniendo viento en cara, tiende a aumentar su
sustentación, al reves que en el despegue.
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